Si existiera un premio al más intrépido de todos, A. J. Bakunas seguramente lo ganaría sin despeinarse. ¿Quién fue este valiente y por qué su historia merece ser contada? Albert John Bakunas, conocido en el mundo del espectáculo como A. J., nació el 23 de octubre de 1950 en Fort Lee, Nueva Jersey. Fue un doble de acción cuyo legado sigue siendo recordado por su valentía y sus récords espectaculares, hasta su trágica muerte en 1978, mientras rompía su propio récord de altura al caer de una torre en Lexington, Kentucky. Su historia es más que una leyenda de acción; es un ejemplo de coraje que nunca encontrarán igual en los guiones de Hollywood.
Ahora bien, aquí tenemos un caso donde nunca verás a un liberal aplaudir. Bakunas hizo su carrera lanzándose desde alturas terroríficas que harían que cualquier otra persona reconsiderara su carrera profesional. Fue un pionero en los años setenta, una época en la que el riesgo se celebraba y el peligro era parte del paquete del espectáculo. Bakunas era el tipo que no se detenía por obstáculos burocráticos ni lloriqueos paternalistas. Estaba en una misión: demostrar que podía hacer lo que nadie más se atrevía.
Uno de sus logros más conocidos fue su trabajo en la película "Hooper", protagonizada por Burt Reynolds. En esta película, Bakunas realizó una caída libre de 70 metros desde un helicóptero. Este acto le valió notoriedad y una reputación como uno de los hombres más osados del cine. En una industria que bromea sobre 'suspender la incredulidad', aquí había un hombre desafiando la gravedad por diversión.
Sin embargo, ¿qué es una buena historia sin un clímax conmovedor? El destino golpeó el 21 de septiembre de 1978 cuando Bakunas intentó romper su propio récord de caída libre desde 96 metros, durante el rodaje de la película "Steel". Con una valentía insuperable y recta columna vertebral que el progresismo jamás entendería, Bakunas subió a lo alto de la torre construida para una demolición en Lexington. "Lo voy a hacer una vez más", probablemente pensó. Pero el trágico roce con la muerte no esperó un segundo acto. Su paracaídas de seguridad falló y lo que debería haber sido otra hazaña impresionante terminó con su vida. Un recordatorio de que la vida, en su forma más pura, es un riesgo.
Navegando la era de los años setenta, no había temor de vida en Bakunas. Parece extraño hablar de valor en un mundo donde ahora se censura hasta el lenguaje. Bakunas, con su carrera, rompió la cuarta pared. No era un actor atado por líneas ni un director escondido tras una cámara. Era un intérprete del riesgo y un amigo de la adrenalina. En palabras de algunos escasos hombres que comprenden estos actos, él era real, un alma libre e indomable.
Bakunas y sus hazañas servirán como ejemplo eterno de lo que se puede lograr cuando los hombres son libres de usar sus talentos sin barras batientes que los frenen. Imagina cuántas aventuras se han perdido bajo las restricciones progresistas que no ven más allá de su siguiente comité de seguridad.
¿Quién recuerda hoy a A. J. Bakunas? No muchos, desafortunadamente; en una época donde lo seguro es seguro y el peligro es una amenaza para el orden delicado del respeto corporativo que nos impone cómo vivir. Pero su nombre no se olvida en las mentes de aquellos que valoran la valentía por encima de la temerosidad calculada. Bakunas nos dejó una lección clara: para alcanzar alturas inéditas, a veces hay que dejarse caer con un coraje inexpugnable.