El Romance de Ayer y Hoy: Nostalgia en 'A medida que pasa el tiempo'

El Romance de Ayer y Hoy: Nostalgia en 'A medida que pasa el tiempo'

Explotando momentos familiares y relaciones auténticas, "A medida que pasa el tiempo" rehúye de la superficialidad y ofrece una historia convincente y nostálgica del amor verdadero.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

Si buscabas un hito atemporal en el género del drama romántico, hablemos de "A medida que pasa el tiempo", una película de 1988 que te hará replantearte todo sobre lo que significa el amor en tiempos políticos correctos. No es solo una historia, es un reflejo de épocas en las que el romance y los valores familiares mantenían una sociedad más cuerda, más cohesionada. Dirigida por el aclamado cineasta José Luis García Sánchez, y protagonizada por Carmen Maura y Antonio Resines, esta película se presentó al mundo en el Festival de Cannes de 1988, un lugar poco común para redescubrir emociones humanas genuinas, en medio de tanto pseudo-artístico y agitación política usualmente presente.

La historia sigue a una pareja que lidia con los altibajos de su matrimonio a lo largo de varias décadas, demostrando que las tormentas pasajeras no deben ser razones para abandonar el barco. Está ambientada en la encantadora y emocional España, un lugar que, sin importar cuántos sobresaltos políticos pueda enfrentar, siempre resurge en cuanto a riqueza cultural y tradición se refiere. La película transmite cómo las relaciones personales pueden ser tanto el ancla como la vela de nuestras vidas. No lo cubrirán en sus titulares diarios, pero es cierto.

La trama se desarrolla en una época en la que la familia era un baluarte, una institución indispensable a prueba de crisis existenciales inducidas por el mundo moderno. ¿Quién no recordaría con nostalgia esos años, cuando las dinámicas familiares no eran vistas como reliquias de un tiempo pasado, sino como fundamentales para la estabilidad emocional de una sociedad? Consideremos por un momento la química entre Maura y Resines; su actuación relata la pura esencia del amor, aquel que no depende de caprichos pasajeros ni de un algoritmo que te diga con quién deberías compartir tu vida. Esos algoritmos que hoy intentan llenar los vacíos creados por una desconexión social y digitalización masiva.

Para dar estructura a esta historia, el guion establece cada capítulo de la relación de la pareja con una dedicación tan milimétrica como un vals a medida. La película deja claro que cada pareja tiene una historia que contar, siempre que esté dispuesta a escribirla. Esto es algo que nuestros amigos progresistas parecen olvidar demasiado a menudo, mientras buscan encontrar el amor en una aplicación o en un ‘match’ político. Es un recordatorio de que el verdadero amor es un acto continuo de elección y dedicación, y no esa transacción comercial con la que muchos se conforman hoy en día.

El filme no escapa de momentos difíciles, como en toda relación seria hay instantes de tensión y discordia, pero aquí radica el ingenio de José Luis García Sánchez: establecer que cada pelea es otro ladrillo en la sólida muralla de una relación duradera. En un mundo que hoy exalta el camino fácil y se olvida del esfuerzo, la paciencia y sí, incluso el sufrimiento constructivo, la película parece un faro para aquellos que todavía persiguen el significado profundo de un "para siempre".

Uniendo lo mejor visualmente, la dirección de arte recrea una España de cambios sociales pero resistentes, dejando un sabor agridulce de un pasado que muchos tal vez deseen revivir. La música de la película, compuesta por un brillante equipo, envuelven de manera emotiva las escenas de la pareja, invitando al público a reflexionar sobre qué es lo verdaderamente importante.

Esta película, escondida entre los grandes títulos de los ochenta, se convierte en un oasis en un desierto de mediocridad, reteniendo su relevancia a lo largo de los años distando notablemente de la superficialidad. Nos recuerda un tiempo más simple y menos agitado, donde el compromiso era más que una etiqueta de relación en redes sociales, tenía un significado profundo y auténtico. La crítica ha sido polarizada, como suele suceder con las obras que desafían el status quo, pero esto no hace más que reafirmar su significado. Y es que como diría el gran poeta: "al que le quede el saco, que se lo ponga".

Entonces, si buscas algo que reviva no solo tus recuerdos, sino también tus ideales, 'A medida que pasa el tiempo' es probablemente la péñola cinematográfica que hace el llamado. No es solo una reliquia para mirar atrás, sino una lección para llevar adelante. ¿Estamos listos para recordar lo que realmente importa si le damos la oportunidad a películas como ésta de brillar nuevamente en la actualidad?