Si tienes la atrevida idea de que el cine sólo se dedica al entretenimiento, entonces no has visto '49-O'. Aclamada por algunos como una sátira india, esta película no se anda con rodeos, ni muestra tacto, sino que va directo al grano con su mensaje político progresista. Estrenada en el 2015 y dirigida por Gautham Krishn, la trama se desarrolla en un pequeño pueblo de Tamil Nadu, donde un anciano protagonizado por el famoso actor Vivek, lidera una revuelta contra la corrupción y busca justicia para los agricultores. Es un filme que clava su daga en la política tradicional, cuestionando la eficacia del sistema democrático en su forma más pura. La premisa es que el voto de protesta, el famoso '49-O', es una herramienta poderosa para combatir la deshonestidad política, una idea que posiblemente haga levantar las cejas a más de un lector conservador.
Primero, la película nos introduce a la idea del 49-O, una opción electoral vigente en India que permite a los votantes no elegir a ningún candidato, algo así como un calentador de oídos para los políticos que han olvidado a su pueblo. En el mundillo progresista que apoya lo políticamente correcto y glorifica al 'héroe' anti-establishment, ver esta opción como una respuesta valiente contra la corrupción es un concepto que ya ha enloquecido, me atrevería a decir, a muchos pensadores conservadores que ven la acción del voto como un deber cívico sagrado.
Lo que sigue es una serie de escenas donde los agricultores, ahogados por deudas y tratados injustamente, se levantan en protesta. El anciano de Vivek, con sabiduría y carisma, actúa como su líder inesperado. Es una especie de Don Quijote moderno, sin molinos de viento pero cargando con pliegos de frustración acumulada sobre sus hombros. La película presenta esta lucha heroica, empapada de lágrimas, bromas y tan obvias exageraciones, con un toquito de humor que podría ser llamado 'humor de dedo en la llaga'.
La dirección de Krish intenta abrir diálogos incómodos sobre la responsabilidad del Estado y la corrupción omnipresente. En términos cinemáticos, la película se enmarca como una comedia satírica, pero la capa de seriedad es difícil de ignorar. La critica contundente es que el sistema democrático actual, tan ensalzado por los líderes liberales, es un fracaso para los agricultores y ciudadanos comunes, una dura verdad que los conservadores portaríamos como una armadura de realidad.
Las actuaciones, en especial la de Vivek, no dejarán de impresionar a aquellos que pueden apreciar cómo un guion lleno de diálogos moralizantes y escenas melodramáticas se transforma en una campaña de “duros contra el sistema”.
La trama incluso lanza una burla descarada hacia promesas políticas vacías y políticas de desarrollo que no ven la luz del día. Las escenas que muestran la desilusión y el hambre de cambio son orquestadas para despertar en los espectadores emociones fuertes, y hasta algunas carcajadas en aquellos que disfrutan del humor negro mejor servido.
Si te preguntas por qué deberías someterte a ver una historia protagonizada por ciudadanos que eligen marcar “Ninguno de los Anteriores” en las elecciones, bueno, quizás sea para entender lo que el liberalismo alardea como innovación política, envuelta en la película como si fuera la llave maestra para un sistema democrático optimizado. Los personajes, gracias a los ingeniosos diálogos y situaciones improbables, intentan demostrar que piensan más allá de lo establecido.
Lo más irónico de todo es que, a medida que las ilusiones rotas de los ciudadanos se solidifican en este acto electoral de 49-O, '49-O' la película se convierte en una declaración política sólida, ahondando en la paradoja de un sistema que se publicita como inclusivo pero que rara vez escucha a los marginados. Los diálogos, llenos de sutilezas que rayan lo obvio, y la dirección que combina dosis de humor con desesperación cruda, hacen que la experiencia sea digna de una reflexión más profunda sobre la naturaleza del poder y la política.
Finalmente, mientras '49-O' eleva una bandera progresista, quizás sirva como un recordatorio de lo que sucede cuando un sistema le da la espalda a su gente. Porque, a veces, la película no solo entretiene; educa, y, en ocasiones, irrita. Pero, ¿no es eso lo que el buen cine debe hacer? Desafiar, provocar y a veces, poner incómodos a aquellos que están acostumbrados a la sombra del statu quo.