El Aroma Conservador del Jazz en 2018: Notas Que No Agradaron a Todos

El Aroma Conservador del Jazz en 2018: Notas Que No Agradaron a Todos

El jazz de 2018 se tornó en una composición que puso a prueba ideologías, con artistas que cruzaron líneas entre música y política, provocando discusiones y resonando en la historia del género.

Vince Vanguard

Vince Vanguard

Si 2018 fuera una pieza de jazz, sería una composición que capturaría perfectamente la esencia de la tensión cultural, enredada en complejas improvisaciones que resuenan con quienes saben escuchar los matices. ¿Quién hubiera pensado que el jazz, un género tan clásico y elegante, podría ser un reflejo de nuestras disputas y discordias ideológicas actuales? En 2018, los músicos de jazz hicieron gala de su maestría, evocando un sentido nostálgico mientras empujaban los límites, firmemente plantándose en una sala de conciertos global que a veces parecía inclinarse peligrosamente hacia la disonancia.

La serie de álbumes lanzados en 2018 nos transportó desde los icónicos clubes de Nueva York hasta los festivales de jazz europeos, recordándonos que el jazz, aunque enraizado en la tradición, nunca ha dejado de evolucionar. Y esa evolución ha incomodado a algunos. No se puede negar que figuras como Kamasi Washington y su disco 'Heaven and Earth' dominaron las listas de jazz y más allá. Pero no todo el mundo aplaudió esta fusión de géneros y mensajes. Washington, con sus fuertes declaraciones políticas y su inclinación por mezclar jazz con otros estilos, desafió lo que algunos consideran el puro sonido del jazz. Esto, para muchos, es un sacrilegio.

También en 2018, la comunidad del jazz honró el legado del gran Cecil Taylor, un titán que dejó un vacío enorme con su partida. Taylor, conocido por su enfoque libre y revolucionario, no rendía homenaje a normas, trazando su propio camino sin pedir permiso. Su influencia quedó clara en la música que surgió tras su muerte, un recordatorio de que la libertad que representa el jazz a menudo se traduce en ir en contra de lo que es convencional.

Hablando de revivir lo clásico y lo conservador, ¿qué hay del resurgimiento de las reediciones? El disco 'Both Directions at Once: The Lost Album' de John Coltrane fue desenterrado en 2018, creando una auténtica conmoción. Este álbum, grabado en 1963 y perdido por décadas, tuvo un impacto incalculable en el mercado del jazz, reafirmando la idea de que las bases del jazz siguen siendo indefinidamente relevantes. Coltrane representa un estándar casi mítico, algo que los puristas del jazz acogen con entusiasmo mientras mantienen el debate sobre la degradación de este arte por influencias externas contemporáneas.

En el lado más innovador del espectro, artistas como Sons of Kemet continuaron rompiendo esquemas con su álbum 'Your Queen is a Reptile'. Su obra no solo rompió barreras de estilo, sino que también lanzó comentarios sociales y culturales de una manera que a algunos les pareció provocativa, por decir lo menos. ¿Canción política o arte musical? De cualquier manera, 2018 fue el año en que algunas piezas de jazz cruzaron claramente líneas que algunos todavía prefieren mantener muy definidas.

El Festival de Jazz de Montreux, en Suiza, fue una vez más un punto culminante en el calendario musical de 2018. Reuniendo a músicos de todos los rincones para una celebración del género, fue un testimonio del poder global del jazz. Sin embargo, no toda la cobertura del evento se centró en la música. Se discutió mucho sobre las agrupaciones que decidieron llevar sus propios mensajes políticos a un escenario que algunos consideraban preferiblemente apolítico.

Pero claro, todo esto es solo parte del complejo y maravilloso mundo del jazz en 2018. Un género que, aunque a menudo asociado con los sonidos cálidos de las grandes bandas del pasado, no deja de reinventarse, para bien o para mal. ¿El jazz debería ser puro, inalterado por el soplo de las corrientes culturales momentáneas? ¿O debería crecer y cambiar, incluso si eso significa incomodar a los defensores de lo tradicional?

A medida que miramos hacia atrás en 2018, se percibe claramente que el jazz sigue siendo una manifestación abundante de libertad creativa, con los artistas explorando terrenos que a menudo se sienten inseguros. Porque aunque algunos claman por la preservación de un sonido intocable, es esa misma voluntad de desafiar y provocar lo que mantiene vivo su espíritu. Y mientras el jazz continúe resonando, recordemos: en el jazz, como en la política, no se trata solo de los tonos que elegimos tocar, sino de los que decidimos dejar resonando.