¿Quién iba a pensar que unos premios, en apariencia tan benignos, podrían causar tanto revuelo entre los círculos progresistas? El pasado viernes 15 de septiembre, en el auditorio principal de la Universidad Nacional, tuvo lugar la duodécima edición de los Premios a la Música del Gráfico Circular, un evento que celebra a los mejores exponentes musicales del año. A primera vista, podría parecer un simple evento cultural, pero la verdad es que es mucho más. Galardonados, nominados y asistentes fueron testigos de una velada con un trasfondo al que pocos se atreven a mirar de cara.
Para empezar, ¿qué es eso del "Gráfico Circular"? Parece un término de los más abstracto, pero es una plataforma independiente que nació hace poco más de una década con la sólida misión de devolverle a la música el valor cultural y artístico que merece, lejos de la maquinaria mediática y su a menudo absurda agenda cultural. Durante los últimos años, el éxito independiente de ciertos artistas ha demostrado que es factible saltarse el paradigma de los grandes sellos. Sin embargo, no todos comparten esta visión.
Claro está, los críticos más vehementes tildan este evento de elitista. Dicen que da una plataforma a artistas que no siguen las normas típicas del mainstream, lo cual es ridículo y roza la ironía. En lugar de valorar la diversidad, algunos quieren reducir a estos premios a una simple etiqueta de "músicos rebeldes". Un argumento que cae por su propio peso cuando revisamos el eclecticismo del listado de premiados: desde jazz hasta música electrónica, rock y música tradicional de distintos países. Pero alguien más parece haber pagado el precio de esta "osadía". Mientras unos defienden la libertad de expresión, otros, que dicen ser adalides del cambio, desprecian cualquier iniciativa que no se apegue a su narrativa.
Es casi gracioso observar la reacción de ciertos conservadores de la "nueva tradición" autodenominada progresista. En lugar de apreciar los diferentes matices artísticos que emergen fuera del circuito comercial, atacan cualquier cosa que no esté en perfecta sintonía con sus agendas, de las que, francamente, ya estamos todos un poco cansados. Pero volvamos a la esencia del evento: la música.
El cartel de este año incluyó actuaciones memorables que dejaron al público con ganas de más. La noche comenzó con la electrizante presentación de "Campo Libre", nominado en la categoría de música experimental. Un grupo que lleva años ofreciendo sonidos frescos y complejos, lejos de las típicas fórmulas populares. A esto le siguió la poderosa actuación de "Rumbo Sur", quienes deleitaron con su fusión de ritmos latinos y jazz.
La ceremonia propiamente dicha sirvió para repartir premios en varias categorías, todas evaluadas por un jurado compuesto por críticos independientes, profesores universitarios y músicos retirados. Destacó la premiación a "Voces de la Montaña", quienes recogieron el galardón al Mejor Álbum del Año. Su propuesta musical ha sido un soplo de aire fresco para muchos y una muestra de que lo auténtico tiene su lugar en la industria actual.
Por último, pero no menos importante, el evento también abordó el ámbito de las letras. La categoría de Mejor Composición destacó la habilidad de los letristas para explorar temas de actualidad desde nuevas perspectivas. El premio recayó en la canción "A Controversial World", un nombre más que adecuado en estos tiempos, fíjense.
Para terminar, no se puede obviar el papel fundamental que el público ha jugado en el crecimiento de este evento. Los legítimos seguidores sienten que el Premio a la Música del Gráfico Circular representa un espacio donde la verdadera esencia artística puede desplegarse sin ser coartada por protocolos empresariales o agendas comerciales. Irónicamente, es el modelo descentralizado y popular de este certamen lo que incomoda a ciertos liberales que una y otra vez insisten en menospreciarlo. Y es que, al final del día, la música, al igual que cualquier otra forma de arte, no debería verse limitada por normas impuestas de manera externa.
En definitiva, los 12º Premios a la Música del Gráfico Circular han dejado claro que ni los ataques ni las críticas sin base pueden aplastar el espíritu de una celebración destinada a reconocer el verdadero talento y creatividad, características hoy en día más necesarias que nunca. Aunque algunos prefieran lo contrario, seremos muchos los que sigamos aplaudiendo que existan alternativas que ofrezcan vías distintas para que la música y las artes en general alcancen su máximo potencial.