¿Alguna vez has sentido que una canción te explica todo lo que está mal con el mundo? “Venenooso”, una de esas canciones que se lanzó en plena pandemia por allá en 2020, llegó justo en un momento donde el pop necesitaba un poco de rudeza. Detrás de esa melodía pegajosa había toda una movida cultural por parte del músico que quiso mostrarnos lo podrida que podía ser la fama, las relaciones con la gente volátil y, claro, el sistema que no siempre está para servirnos a todos.
El autor, conocido por ser extravagante y no atarse al qué dirán, utilizó “Venenooso” como una especie de manifiesto contra los estereotipos que nos ahogan. Hizo eco en sus letras sobre lo artificial del mundo, marcando con fuego la cuestión de si lo que creemos es real o simplemente otra ilusión.
Pero más allá de la música, “Venenooso” se convirtió en un diálogo. El por qué detrás de esta canción recae en la disconformidad generalizada y un hartazgo colectivo con una sociedad supuestamente moderna, pero aún quebrada. Siempre había quienes señalaban que la canción era simplemente otra crítica más, pero la autenticidad con la que nos repasaba como un espejo de lo que no queremos ver, la hizo adquiere un eco especial.
Desde el sofá de sus casas, los jóvenes de la Generación Z sintieron que sus preocupaciones eran validadas. Este grupo, menos dispuesto a seguir los caminos tradicionales y más consciente del impacto social, encontró algo de verdad allí. Después de todo, en un mundo donde los problemas ambientales, la desigualdad y la política volátil son pan de cada día, “Venenooso” parecía ser esa bofetada musical que nos hacía falta.
Sin embargo, y con justa razón, había quienes pensaban que este tipo de mensajes solo alimentaban la negatividad. Que rugir contra el sistema no hacía más que polarizar opiniones y aumentar ese abismo imaginario entre “los de arriba” y “los de abajo”. Son pensamientos válidos que siempre existirán cuando alguien decide abrir la caja de Pandora y trasciende los límites de lo que es adecuado para el mainstream.
Aún así, desde entonces, el eco de “Venenooso” ha resonado en formas que no se podían prever cuando apareció por primera vez. Desafió convenciones de lo que es aceptable musicalmente y ofreció una plataforma para explorar el descontento de una manera creativa. Parte de su magia radica en ser esa amalgama de emociones que no tiene miedo a ser incómoda, ofreciendo así una oportunidad para dialogar en medio de la tormenta.
A veces, una canción puede ser más que una simple composición de notas y palabras. Como en el caso de “Venenooso”, interpela a una generación que busca nuevas formas de alzar su voz. Tal vez, al final del día, se trate de una simple oda a sentirnos humanos, ser conscientes de nuestras limitaciones y enfrentar el veneno que todos llevamos dentro, algún día, esperando a ser neutralizado.