La Edad Media nos dio muchas figuras fascinantes, pero pocas tan intrigantes y envueltas en misterio como Thomas de Celano. Este fraile franciscano no es solo una sombra del pasado; su obra poética, en especial el famoso 'Dies Irae', resuena hasta la actualidad. Nacido alrededor de 1200 en la pequeña localidad italiana de Celano, Thomas es un testimonio del poder de la palabra poética y su capacidad para cruzar siglos.
Durante su tiempo, Europa estaba bajo una transformación social y espiritual significante. Con la fundación de la Orden Franciscana por San Francisco de Asís, los ideales de pobreza, humildad y devoción estaban ganando un renovado sentido. Completamente seducido por estos ideales, Thomas se sumergió en la vida monástica, lo que lo llevaría a rubricar algunas de las piezas literarias más significativas de la época.
Se le atribuye la autoría de dos hagiografías sobre San Francisco de Asís. Estos textos no solo ilustran la vida y el mensaje del santo, sino que también reflejan la visión de un hombre profundamente inspirado por el amor radical y la sencillez. Thomas de Celano, con su estilo vívido y casi narrativo, no solo documenta sino que hace vivir en el papel al santo amado por tantos. Pero, tal vez más que sus biografías, el legado de Celano se mantiene a través del himno 'Dies Irae', una obra poética que ha encontrado su camino en la música, el cine y las reflexiones existenciales a lo largo de generaciones.
Es cierto que la literatura inmortal de Thomas de Celano surge de un contexto religioso muy específico, cual podría parecer distante a las generaciones actuales. Sin embargo, hay algo en la naturaleza humana, en nuestra búsqueda de significado y conexión, que trasciende cualquier barrera temporal o ideológica. El 'Dies Irae' nos habla como lo hizo con los oyentes medievales; nos confronta con nuestra propia mortalidad mientras explora ideas de juicio y redención. Hay un poderoso paralelismo: temas que una vez resonaron en un mundo medieval de trastornos, no son diferentes de las incertidumbres políticas y existenciales que enfrentamos hoy.
El estilo de Thomas es abierto, no dogmático, ofreciendo una visión en lugar de imponer una doctrina. Aquí hay espacio para la interpretación, lo que explica por qué sus obras continúan capturando la imaginación de artistas y escritores, incluso siglos después de su muerte. En un mundo donde la polarización y el juicio rápido son la norma, quizá haya algo valioso en detenernos a escuchar esas voces antiguas que abogaban por reflexionar, no apresurarnos a conclusiones.
Sin embargo, existen opiniones divididas sobre la relevancia de tales textos en el mundo moderno. Algunas personas sienten que centrarnos en pensamientos de siglos pasados nos distancia de los problemas actuales. Por otro lado, el valor de miradas retrospectivas, como las de Thomas de Celano, está en que nos recuerdan la continuidad de la experiencia humana. Las luchas de hoy tienen ecos del pasado, y hay lecciones cruzando el tiempo y la historia.
Pensar en Thomas de Celano como solo un fraile, sería reduccionista. Él fue un poeta, un cronista, alguien que se atrevió a plasmar sus observaciones sobre la vida y el más allá en un formato artístico que todavía podemos interpretar y adaptar. Quizás ahora no creemos en los mismos dioses, ni compartamos las mismas visiones de la salvación o el juicio, pero sí compartimos una humanidad común.
Entonces, ¿cómo hacemos para volver a contar estas historias? ¿Podemos ocupar el espacio que dejaron con nuestras propias palabras, canciones y pensamientos, o simplemente dejamos que estas obras floten como fantasmas del pasado? El arte de Thomas de Celano no es una piedra de toque antiquísima; es una conversación viviente.
Para los gen z, tan familiarizados con un mundo de respuestas rápidas y comunicaciones instantáneas, hay belleza en asumir la paciencia y el cuidado en el arte del pasado. Hay un valor en estas palabras escritas a mano, en esa cadencia de la oración cantada. La lección de Celano podría ser que el arte, como la vida, es una conversación entre el presente y el pasado, no una línea de tiempo que debemos seguir ciegamente.
Quizá la mejor manera de entender a Thomas de Celano sea no a través de la lente mística o esotérica, sino sencilla y humanamente. Es mirar no a la perfección que la historia suele buscar, sino en el intento de un hombre de aportar su verso brevísimo al canto eterno de la humanidad. Un tema que, a pesar de las diferencias culturales, encuentra eco en nuestros días, en la resistencia y necesidad de conexión.
El artista medieval, incluso desde la humilde Celano, nos brinda una silueta de lo que podríamos ser, un recordatorio de nuestro potencial y nuestras posibilidades.