Siegfried Matthus no es un nombre tan famoso como Beethoven o Mozart, pero vaya que se merece un lugar especial en el mundo de la música. Este compositor alemán, nacido el 13 de abril de 1934 en Mallenuppen, lo que hoy es parte de Rusia, se convirtió con el tiempo en una figura central de la música contemporánea en Alemania. Matthus desarrolló su carrera principalmente en la República Democrática Alemana, donde sus obras se interpretaron ampliamente, especialmente en Berlín. ¿Por qué es relevante? Porque aunque algunos ven la música clásica como algo del pasado, las obras de Matthus empujaron los límites de la tradición y lograron romper con lo establecido.
Hijo de una familia humilde, Matthus tuvo una vida llena de altibajos, tal como muchos en su tiempo. Su educación musical empezó temprano, y a los 16 años ingresó en la academia de artes de Berlín Oriental, precisamente en un periodo en el que la ciudad era símbolo de la división ideológica mundial; un joven idealista y talentoso en un entorno de intensa vigilancia estatal. Pero eso no fue un muro para él, sino más bien un trampolín. La política cultural de la antigua RDA fomentaba la composición de nuevos trabajos, aunque siempre bajo el constante escrutinio del estado. Matthus logró sortear estas restricciones con una inteligencia creativa admirable.
La música de Matthus abarcó una variedad de géneros, desde óperas hasta música de cámara. Imaginar a un compositor que disfruta tanto de una sinfonía como de un concierto electrónico, parece casi imposible, pero él lo hizo realidad. Lo más interesante es su capacidad de integrar diferentes estilos en sus composiciones, lo que hace que escuchar su música sea una experiencia única y evocadora. En sus composiciones se pueden encontrar influencias tan variadas como la música folclórica de su tiempo hasta sonidos más contemporáneos, creando un diálogo intercultural y temporal.
Uno de sus mayores logros fue crear el "Kammercoper Rheinsberg", un festival que brinda plataformas para jóvenes talentos y que hoy sigue activo, siendo un catalizador esencial para la música nueva. Esto demuestra no solo su amor por la música, sino también su deseo de dejar un legado tangible para futuras generaciones. Durante décadas, sus óperas fueron parte constante del repertorio principal de teatros en Alemania.
En nuestra era digital, donde el contenido y la creatividad están al alcance de un clic, es esencial recordar a figuras como Matthus, que abrieron caminos y dejaron huellas en la esencia de lo que consideramos arte hoy en día. Sin embargo, como cualquier historia, la de Matthus no está exenta de polémicas. Algunos críticos afirman que el reconocimiento que recibe en ocasiones es más político que artístico, ya que su música era preferida por el régimen de la RDA por ser considerada menos subversiva en comparación con las obras de algunos de sus contemporáneos que buscaban una identidad más occidental. Pero limitar su legado a un contexto político seria injusto para una carrera marcada por la pasión creativa y la innovación constante.
El mundo de la música clásica siempre ha enfrentado el dilema de adaptarse a nuevas generaciones. Gen Z, por ejemplo, tiene un consumo cultural diferente, más cambiante e inmediato. Matthus representa un puente porque se atrevió a ser distinto dentro de las normas de su tiempo. Quizá no es la música que todos buscan en Spotify, pero definitivamente debería ocupar un lugar en las listas de quienes desean experimentar las diferentes caras del arte sonoro.
Hablar de Siegfried Matthus es hablar de un pedazo de historia que aún canta, que nos invita a conocer un pasado no tan lejano pero sí muy relevante. Es ser consciente de que cada nota que compuso y cada escenario que alcanzó se vieron iluminados por un esfuerzo incesante y una creatividad desbordante. Si bien Matthus falleció en agosto de 2021, su legado sigue vivo, esperando ser redescubierto por nuevas generaciones.
La música clásica, muchas veces estigmatizada como densa o elitista, puede descubrirse como una puerta a tiempos y emociones que trascienden lo puramente estético. La música de Matthus es una invitación; una de esas que no deberíamos rechazar, piense lo que piense nuestra generación sobre el pasado, porque es tan solo otra manera de reencontrarnos con nosotros mismos.