Si creías que tener parientes famosos era el único modo de hacerse notar, Pierre-Jean Mariette podría haber estado de acuerdo contigo pero decidió labrar su propio camino. Fue un coleccionista y escritor francés del siglo XVIII, nacido en 1694 en París, en una familia ya establecida en el comercio de grabados, lo que probablemente alimentó su temprano interés por el arte.
Mariette sobresalió como un auténtico experto en el terreno del arte, un curador antes de que la palabra existiera, excepto que su museo era su mente y su pluma. Desde su juventud, se destacó en la organización de colecciones y también en reunir una espectacular base de datos mental de obras, autores y estilos. Todo este conocimiento no se limitó a ser una afición. Su aproximación fue mucho más académica y sistémica. Trabajó dentro de la famosa Bibliothèque du Roi y en la Académie Royale de Peinture et de Sculpture de París, lo que lo colocó en el centro mismo del universo artístico de la época. Era un lugar donde el arte y la política se entrelazaban en formas intrigantes.
En esos tiempos, no nos enterábamos de los 'influencers' a través de Instagram o TikTok, sino más bien en salones y galerías. Mariette usó su posición para influir en el consumo del arte y las percepciones sobre él, a menudo facilitando el intercambio cultural entre Francia e Italia. No era un trabajo fácil, especialmentecuando los nacionalismos comenzaban a tomar forma. Sin embargo, Mariette navegó ese caos con su inteligencia.
Sus colecciones y escritos son una prueba tangible de su amor por el trabajo bien hecho. Publicó diversos catálogos que, en la ausencia de Google, se convirtieron en las Huff Posts de su tiempo. La gente recurría a él para saber qué valor había en una obra o un autor menos conocido.
Aunque la política de aquella época era un campo lleno de espinas, con las divisiones clásicas entre monarquistas y republicanos, Mariette supo mantenerse orillado de esas disputas. Quizás era su forma de preservar su paz mental y profesional, o tal vez simplemente le interesaba el poder sin estar en la palestra pública. Al final, creó puentes que ni el tiempo ha destruido.
Sin embargo, desde un punto de vista político más contemporáneo, podríamos ver en él un ejemplo de cómo las artes y la cultura pueden servir como una forma de resistencia suave. Sin elegir directamente un lado o el otro, Mariette preservó obras de épocas convulsas, asegurándose de que estos fragmentos de historia llegarán intactos a generaciones futuras.
Es fácil idolatrar a alguien que, como Mariette, parece haber vivido en un mundo completamente dedicado al arte, sorteando los conflictos de su tiempo con habilidad. Pero debemos recordar que siempre existen críticas. Tal vez alguien podría argumentar que personas como Mariette perpetuaron jerarquías culturales al centrar el arte europeo como punto de referencia global. Aunque también es verdad que, a su manera, estaban creando un mundo más interconectado. Entonces, ¿quién realmente ganó en este intercambio?
En nuestra era digital, donde abunda la información, pero no siempre la curación, podemos aprender algo de su dedicación a la erudición combinada con una visión de largo plazo. Al igual que Gen Z con su pasión por el cambio social e innovaciones, Mariette estaba por delante de su tiempo en su aprecio por la historia, el arte y la conexión global. Un influencer sin Wi-Fi, podríamos decir.
Por todas partes se dice que el arte no existe aislado del contexto histórico y cultural que lo produce. Mariette entienda esto perfectamente, y usaba su posición para educar a otros sobre la importancia que el arte tiene en teoría y práctica. Inspira pensar que podría haber sido tan persistente en su misión en un mundo previo a las multimillonarias subastas de arte que ahora hacen las noticias. Lo que sostenía todo era su amor sincero por el arte y su compromiso con su preservación, mucho más allá de las preocupaciones políticas de su tiempo.
Quizás lo más notable de Mariette es la manera en la que delineó un papel para él mismo en la narrativa de su tiempo. Hoy podríamos verlo como un curador digital, armando colecciones y exhibiciones para una audiencia online. Además, destaca su don para comunicarse con diferentes sectores, nunca permitiendo que el arte y la cultura sean un lujo solo para unos pocos. Mariette logró que más ojos viesen, aunque sea momentáneamente, el mundo a través del arte. Una lección valiosa para el influencer moderno: a veces se trata menos de la promoción y más del mensaje.