¿Quién dijo que la televisión pública es cosa del pasado? El "Establecimiento Público de Televisión" de Colombia es una entidad que todavía tiene mucho por contar en el mundo digital y que cumple roles fundamentales tanto a nivel informativo como educativo. Esta organización, desde que fue creada, ha sido activa en ofrecer contenido de valor, apropiándose del poder de la televisión para informar, educar y entretener a la población colombiana. ¿Dónde acontece todo esto? Pues, a lo largo y ancho del territorio colombiano. Y "¿por qué?", te preguntarás. Porque en una sociedad democrática, necesitamos medios que hagan eco de la diversidad de voces y necesidades. La televisión pública no solo cuenta historias, sino que conecta, construye puentes y permite que las voces menos escuchadas, finalmente, sean oídas.
En una era donde el contenido digital domina, la televisión pública parece estar luchando por mantener su relevancia. La pregunta que surge es si en este remolino de streaming y consumo a la carta, hay un espacio para lo público. ¿Qué ofrece la televisión pública que no se encuentra en Netflix? Precisamente, una de las mayores fuerzas del Establecimiento Público de Televisión es ofrecer programas que no están diseñados necesariamente para complacer algoritmos o búsquedas de audiencia instantánea. Su misión va más allá del entretenimiento burdo; está en el centro de tocar teclas que otros medios comerciales ni siquiera rozan: cultura, historia, noticias locales y espacios educativos que plantan semillas de conocimiento en lugar de simples impactos visuales.
Los contenidos que produce este tipo de televisión están inclinados hacia la pluralidad. Enfocan sus cámaras en historias que fortalecen la identidad cultural y nos recuerdan constantemente de los mil sabores humanos que componen Colombia. Este tipo de narrativas, presentes siempre en pro del bien común, rara vez se encuentran en plataformas comerciales, cuya razón de ser antepone beneficios a la responsabilidad social. Es por eso que es importante que los jóvenes se pregunten qué consumen, y de dónde lo hacen. La televisión pública, con su presencia constante, sigue siendo una herramienta educativa poderosa sobre la cultura y realidad del país.
Pero claro, la televisión pública no está exenta de críticas. Uno de los argumentos más comunes es su dependencia del presupuesto estatal, lo cual para algunos, podría limitar la libertad auténtica en su línea editorial. Sin embargo, muchos responden diciendo que la financiación pública permite precisamente la independencia de intereses comerciales y la posibilidad de trabajar para el interés público sin tener que sucumbir al click fácil. Los críticos dicen que a menudo puede reflejar sesgos políticos o caer en el mismo pecado que los medios privados intentan evitar: demostrar preferencia sin equidad informativa. Y sí, este es un punto válido, pero uno que nos lleva a abogar por transparencia y regulación justa, no contraintuitivo a la liberación de medios públicos.
El desafío está en cómo abrazar la modernidad sin dejar de alimentar las raíces del contenido. Las iniciativas para transformar el Establecimiento Público de Televisión incluyen proyectos digitales que buscan adelantarse a los cambios de hábito en el consumo mediático. Trabajan en podcasts, plataformas de video bajo demanda, y su integración con redes sociales, un puente inteligente hacia una audiencia que ha crecido rodeada de tecnología móvil. Al final del día, la supervivencia del medio depende de su habilidad para evolucionar sin perder su esencia.
A menudo, el reto para los medios públicos es parecer "relevantes" para los más jóvenes. Porque, aceptémoslo, ¿quién no ha pasado horas deslizando el dedo en sus apps favoritas, devorando contenido algorítmicamente preparado para ellos? La clave para el Establecimiento Público de Televisión es crear contenidos que la audiencia encuentre significativos, contenidos que respondan a las preguntas de los jóvenes y reflejen un mundo vasto e impresionantemente diverso.
Finalmente, una cosa es cierta: si hablamos de democracia, la televisión pública es irreemplazable. Los contenidos locales, los segmentos educativos, incluso los documentales que muestran la realidad cruda pero real de la vida en diferentes partes del país, son parte de un pacto social que no debería desvanecerse ante el rápido crecimiento de opciones simplemente porque son más modernas. La tecnología es solamente una herramienta; lo que realmente importa es cómo se usa esa herramienta para nutrir nuestra conciencia social y nuestro sentido de comunidad. Así que, la próxima vez que estés explorando qué ver, considera que la televisión pública no es solo un canal de información, es un compromiso con una sociedad más justa y bien informada.